La crisis climática que abrió el camino a los dinosaurios

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Durante mucho tiempo, la historia de los dinosaurios pareció tener un comienzo sencillo.

Primero estaba el mundo anterior a ellos. Después aparecieron los dinosaurios. Y finalmente, durante el Jurásico y el Cretácico, se convirtieron en los grandes protagonistas de los ecosistemas terrestres.

Pero la evolución rara vez funciona como una puerta que se abre de repente.

Los dinosaurios aparecieron durante el Triásico, hace unos 245 millones de años, cuando la Tierra todavía se estaba recuperando de la mayor crisis biológica conocida. Durante mucho tiempo fueron animales relativamente poco abundantes. Compartían los continentes con una extraordinaria variedad de reptiles, sinápsidos y otros arcosaurios que ocupaban muchos de los nichos ecológicos que posteriormente asociamos con los dinosaurios.

Entonces, aproximadamente hace 234 millones de años, el planeta comenzó a cambiar.

El clima se volvió más húmedo en muchas regiones. El ciclo del carbono sufrió una perturbación profunda. Las lluvias aumentaron en determinadas zonas, los ecosistemas terrestres se reorganizaron y numerosos grupos de animales y plantas comenzaron a desaparecer o a cambiar su distribución.

Fue el Evento Pluvial del Carniense.

Y dentro de aquella perturbación climática ocurrió algo extraordinario.

Los dinosaurios comenzaron a expandirse.

No fue su nacimiento.

No fue todavía su dominio absoluto.

Pero sí pudo haber sido una de las grandes puertas evolutivas que terminaron conduciendo hacia la Era de los Dinosaurios.

Antes de los dinosaurios, el mundo pertenecía a otros reptiles

Para comprender por qué el ascenso de los dinosaurios fue tan extraordinario, primero tenemos que olvidar durante un momento la imagen que tenemos del Mesozoico.

Cuando pensamos en el Triásico, solemos imaginar dinosaurios.

Pero durante buena parte de este período, el planeta no era suyo.

Los continentes estaban reunidos en Pangea. Grandes regiones del interior eran áridas y sometidas a fuertes contrastes estacionales. Los ecosistemas terrestres estaban poblados por una variedad enorme de animales que hoy conocemos mucho peor que a los dinosaurios.

Había grandes reptiles depredadores.

Había herbívoros acorazados.

Había parientes de los mamíferos.

Había anfibios gigantes.

Y existían numerosos arcosaurios que ocupaban posiciones ecológicas que posteriormente serían dominadas por los dinosaurios.

Los dinosaurios eran solamente una rama más dentro de aquel enorme árbol evolutivo.

Sus primeros representantes surgieron durante el Triásico Medio, probablemente hace unos 245 millones de años. El registro fósil más antiguo todavía contiene incertidumbres sobre las primeras especies, pero ya sabemos que el linaje dinosauriano era anterior al gran episodio de diversificación del Carniense.

Eso significa que el gran misterio no es realmente:

¿Cuándo aparecieron los dinosaurios?

Es:

¿Por qué pasaron de ser animales relativamente secundarios a convertirse en una de las fuerzas dominantes de los ecosistemas terrestres?

La respuesta parece estar relacionada con una Tierra que estaba cambiando.

El planeta seco que comenzó a volverse húmedo

Hace unos 234 millones de años, durante el Carniense, el clima experimentó una perturbación extraordinaria.

Los geólogos conocen este intervalo como el Evento Pluvial del Carniense, o Carnian Pluvial Episode.

El nombre puede llevarnos a una imagen equivocada.

No significa que sobre toda Pangea estuviera lloviendo continuamente durante dos millones de años.

El planeta era mucho más complejo.

Las investigaciones recientes muestran que el cambio climático fue espacialmente desigual. Algunas regiones experimentaron un aumento importante de las precipitaciones, mientras que partes del interior continental de Pangea pudieron incluso volverse más áridas. El sistema climático desarrolló nuevos centros de precipitación y fuertes contrastes regionales.

Lo que cambió fue el funcionamiento general del sistema climático.

Una Tierra que durante largos períodos había estado dominada por condiciones áridas entró en una fase de mayor humedad y perturbación climática.

Y ese cambio quedó escrito en las rocas.

Sedimentos que indican un aumento del transporte de agua.

Suelos formados bajo condiciones más húmedas.

Cambios en el polen y las plantas.

Alteraciones en la química de los océanos.

Perturbaciones del ciclo del carbono.

Y señales de una enorme transformación ambiental que afectó tanto a los continentes como a los mares.

El planeta estaba entrando en una nueva fase.

Y la causa parece encontrarse muy lejos de los dinosaurios.

El volcán que cambió el clima de Pangea

En aquella época, una gigantesca provincia volcánica estaba activa en lo que hoy corresponde aproximadamente a la región del noroeste de Norteamérica y el océano Pacífico.

Era la Gran Provincia Ígnea de Wrangellia.

No debemos imaginar un único volcán gigantesco.

Las grandes provincias ígneas son fenómenos de una escala completamente diferente.

Son enormes episodios de actividad magmática capaces de producir grandes volúmenes de rocas volcánicas y liberar cantidades extraordinarias de gases hacia la atmósfera.

Durante el Carniense, el volcanismo de Wrangellia liberó carbono y otros compuestos que alteraron la química atmosférica y el ciclo global del carbono. La evidencia geoquímica acumulada durante las últimas décadas ha reforzado la conexión entre este volcanismo y la perturbación climática del Carniense. Estudios recientes incluso han identificado varios pulsos volcánicos sincronizados con perturbaciones repetidas del ciclo del carbono.

El resultado no fue simplemente “más calor”.

El calentamiento modificó el ciclo hidrológico.

Cambió la circulación atmosférica.

Alteró las precipitaciones.

Transformó los suelos.

Aumentó la meteorización de las rocas.

Cambió la vegetación.

Y alteró los océanos.

La Tierra no reaccionó como una máquina con una sola pieza.

Reaccionó como un sistema.

El Evento Pluvial del Carniense no fue una sola crisis

Una de las cosas más interesantes que hemos aprendido desde el estudio original de 2018 es que el Evento Pluvial del Carniense no fue necesariamente un episodio uniforme.

La investigación de 2025 en el norte de China, por ejemplo, reconstruyó aproximadamente 1,65 millones de años del evento y encontró cuatro ciclos de perturbación asociados con cambios en el carbono y señales de volcanismo. La investigación también indica que los ciclos orbitales pudieron amplificar las respuestas climáticas.

Otro estudio publicado en 2025 mostró que el inicio de una de las perturbaciones climáticas pudo producirse en apenas unos 15.800 años, una velocidad extraordinariamente rápida para una transformación registrada en la escala geológica.

Esto cambia nuestra imagen del Carniense.

No estamos ante una larga temporada de lluvia.

Estamos ante una sucesión de perturbaciones climáticas que golpearon un planeta ya sometido a cambios ambientales importantes.

Y cada una de esas perturbaciones podía alterar las reglas ecológicas.

Dinosaurio temprano luchando contra una corriente durante una inundación del Triásico
Representación artística de un paisaje del Triásico Superior durante el Evento Pluvial del Carniense, hace aproximadamente 234 millones de años. Las lluvias intensas han desbordado un sistema fluvial, convirtiendo la llanura en una corriente turbulenta capaz de arrastrar sedimentos, troncos y animales terrestres. Un pequeño dinosaurio temprano intenta mantenerse a flote mientras, al fondo, un volcán libera lava, cenizas y gases bajo enormes nubes de tormenta. La escena ilustra las profundas alteraciones hidrológicas y ambientales asociadas con este período de cambio climático y volcanismo, cuando los ecosistemas terrestres comenzaron a reorganizarse. La imagen es una reconstrucción artística y no representa una inundación concreta.

Cuando los ecosistemas comenzaron a perder piezas

El clima no mata necesariamente a una especie directamente.

A veces hace algo mucho más poderoso.

Cambia el mundo en el que esa especie podía vivir.

Un bosque puede desaparecer porque cambia la humedad.

Un herbívoro puede perder su alimento.

Un depredador puede perder a sus presas.

Una especie adaptada a un ambiente estable puede encontrarse de repente en un paisaje fragmentado.

Y cuando suficientes especies comienzan a desaparecer o a reducirse, toda la estructura de un ecosistema cambia.

Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido durante el Carniense.

Algunos grupos herbívoros importantes sufrieron fuertes pérdidas. Entre ellos se encontraban los rincosaurios y diversos dicinodontos, grupos que habían sido importantes componentes de las comunidades terrestres anteriores.

Pero mientras algunas puertas ecológicas se cerraban, otras comenzaron a abrirse.

Y los dinosaurios estaban allí.

La huella de los dinosaurios apareció de repente

Una de las evidencias más fascinantes procede de las montañas Dolomitas, en el norte de Italia.

Allí, las rocas del Triásico conservaron algo que los esqueletos no siempre pueden conservar:

huellas.

Las huellas son extraordinarias porque representan comportamiento.

Un esqueleto nos dice que un animal murió allí.

Una huella nos dice que estuvo allí vivo.

Y cuando los investigadores reconstruyeron cuidadosamente las sucesiones de huellas de las Dolomitas, apareció un patrón sorprendente.

En los niveles anteriores al gran cambio climático, las huellas de dinosaurios prácticamente no aparecen.

Después empiezan a aparecer.

Y posteriormente se vuelven abundantes.

En el estudio de Bernardi y colaboradores, los dinosaurios pasan de estar prácticamente ausentes en determinadas asociaciones a representar una proporción importante y posteriormente dominante de las huellas en un intervalo de unos pocos millones de años.

Era como observar cómo una especie entra en una habitación vacía.

Primero no está.

Después aparece una.

Después varias.

Y, finalmente, parece que el lugar siempre hubiera pertenecido a ellas.

Las huellas y los esqueletos contaron la misma historia

La evidencia de las Dolomitas sería extraordinaria por sí sola.

Pero había un problema.

Las huellas podían representar una historia regional.

¿Había ocurrido lo mismo en otras partes de Pangea?

La comparación con las faunas fósiles de Argentina y Brasil proporcionó una respuesta sorprendente.

En Sudamérica también aparecen evidencias de una expansión de los dinosaurios durante el Carniense.

Las formaciones de la región contienen algunos de los dinosaurios más antiguos conocidos, y las dataciones radiométricas permiten situarlos dentro de un intervalo compatible con aquella gran reorganización de los ecosistemas.

Huellas en Europa.

Esqueletos en Sudamérica.

Cambios ambientales en distintos lugares.

Todo parecía apuntar hacia una misma historia.

Pero había que hacer una pregunta todavía más difícil:

¿El clima provocó directamente la expansión de los dinosaurios?

Aquí es donde la historia se vuelve mucho más interesante.

Una oportunidad evolutiva no es lo mismo que una causa

El estudio de 2018 propuso una conexión muy sugerente.

El Evento Pluvial del Carniense alteró el clima y la vegetación.

Algunos grupos herbívoros importantes disminuyeron.

Los ecosistemas quedaron reorganizados.

Y los dinosaurios, que ya existían, pudieron aprovechar los nuevos espacios ecológicos.

Es una idea conocida en ecología evolutiva como reemplazo oportunista.

No necesariamente significa que los dinosaurios fueran superiores a sus competidores en una batalla evolutiva.

Puede significar algo más sencillo.

Sus competidores desaparecieron o se redujeron, y los dinosaurios ocuparon el espacio que quedó libre.

Pero hoy sabemos que esa explicación tampoco cuenta toda la historia.

Una revisión de 2023 señaló precisamente que establecer una relación causal directa entre el Evento Pluvial del Carniense y los cambios terrestres es mucho más difícil de lo que sugería la narrativa original. La respuesta biológica parece haber sido escalonada, con efectos que en algunos lugares fueron importantes y en otros relativamente pequeños o reversibles.

La evolución no estaba siguiendo un único camino.

Estaba explorando muchos.

Los dinosaurios todavía no eran los dueños del planeta

Aquí aparece una de las correcciones más importantes que debemos hacer a la vieja historia.

Decir que el Evento Pluvial del Carniense “creó la Era de los Dinosaurios” es atractivo, pero demasiado simplificador.

Porque después del Carniense todavía pasarían millones de años antes de que los dinosaurios dominaran realmente los ecosistemas terrestres.

Un estudio publicado en Nature en 2024 reconstruyó la evolución de las redes alimentarias del Triásico Superior y encontró una historia escalonada.

Durante el Carniense existían dinosauriformes y algunos dinosaurios pequeños, oportunistas y omnívoros.

Después, durante el Noriense, comenzaron a diversificarse nuevos grupos de dinosaurios depredadores.

Más tarde aparecieron dinosaurios herbívoros de mayor tamaño.

Y solamente hacia el final del Triásico y el comienzo del Jurásico aparecen ecosistemas terrestres claramente dominados por dinosaurios en el sentido que reconocemos para el Mesozoico posterior.

El mismo estudio concluye que los ecosistemas dominados por dinosaurios no se establecieron hasta el Jurásico temprano, unos 30 millones de años después de su aparición inicial.

Eso transforma completamente nuestra perspectiva.

El Carniense no fue el nacimiento de la Era de los Dinosaurios.

Fue uno de sus primeros grandes capítulos.

Dinosaurio herbívoro y pequeño terópodo en un ecosistema del Triásico
Representación artística de un ecosistema del Triásico Superior, con un dinosaurio herbívoro alimentándose de la vegetación mientras un pequeño terópodo observa desde las proximidades. Reptiles de menor tamaño e invertebrados ocupan el suelo entre helechos, troncos y materia vegetal, formando una comunidad con diferentes relaciones ecológicas y alimentarias. La escena ilustra la diversificación de los nichos y de las redes alimentarias durante una etapa temprana de la evolución de los dinosaurios. La imagen es una reconstrucción artística y no representa una comunidad concreta ni una localización específica.

La revolución también ocurrió en la comida

Y aquí aparece una de las piezas más interesantes de las investigaciones modernas.

Los paleontólogos no solo estudian huesos.

También estudian lo que los animales comían.

Los excrementos fosilizados —conocidos como bromalitos— pueden conservar restos de plantas, huesos, peces, insectos y otros alimentos.

En 2024, un equipo utilizó más de 500 bromalitos y otros fósiles con evidencias directas de alimentación para reconstruir cómo cambiaron las redes tróficas durante el Triásico Superior en la cuenca polaca.

La historia que apareció fue gradual.

Primero, los dinosauriformes oportunistas comenzaron a ocupar determinados nichos.

Después aparecieron pequeños depredadores y omnívoros.

Más tarde se expandieron los herbívoros dinosaurianos.

Y finalmente surgieron comunidades cada vez más complejas en las que los dinosaurios ocupaban múltiples niveles de la cadena alimentaria.

No fue una invasión.

Fue una reorganización de las redes alimentarias.

Los dinosaurios no solamente aumentaron en número.

Aprendieron, evolutivamente, a ocupar más lugares.

El clima cambió y la vegetación cambió con él

Para un herbívoro, el clima no es simplemente temperatura.

Es comida.

La humedad determina qué plantas pueden crecer.

La temperatura condiciona su distribución.

Las estaciones determinan cuándo aparecen determinados recursos.

Y la transformación de la vegetación puede desencadenar una reacción en cadena a través de toda la red alimentaria.

Durante el Triásico Superior, las transformaciones climáticas modificaron profundamente las comunidades vegetales. El registro del norte de China, por ejemplo, conserva cambios en las asociaciones de polen que permiten reconstruir modificaciones de la vegetación durante el Evento Pluvial del Carniense.

Y más tarde, durante el final del Triásico, nuevos cambios climáticos volvieron a modificar la vegetación.

Los dinosaurios respondieron a estas transformaciones con nuevas estrategias alimentarias.

Eso significa que la historia de su éxito no puede separarse de la historia de las plantas.

La Era de los Dinosaurios también fue una revolución vegetal.

Pangea estaba cambiando de forma

Existe otra dimensión que suele perderse cuando contamos esta historia únicamente como una extinción.

La geografía también importaba.

Pangea no era un continente homogéneo.

Era un mundo enorme con costas, montañas, cuencas interiores, desiertos y regiones sometidas a diferentes regímenes climáticos.

El ascenso de los dinosaurios tampoco ocurrió simultáneamente en todas partes.

La investigación moderna indica que su expansión fue probablemente diacrónica, es decir, ocurrió en distintos momentos y regiones. Las barreras climáticas y geográficas podían retrasar su expansión de una región a otra.

Esto explica por qué un ecosistema podía seguir dominado por otros reptiles mientras, en otra parte del supercontinente, los dinosaurios comenzaban a adquirir importancia.

No había una sola Era de los Dinosaurios.

Había muchos pequeños comienzos.

Una crisis climática abrió varias puertas evolutivas

Y aquí encontramos uno de los aspectos más fascinantes del Carniense.

Los dinosaurios no fueron los únicos beneficiarios evolutivos de aquella transformación.

Durante este intervalo también se produjeron importantes cambios en otros grupos.

Los primeros representantes de diversos linajes que posteriormente serían fundamentales en los ecosistemas modernos aparecen o se diversifican durante este período y los millones de años siguientes.

Los ancestros de los cocodrilos modernos.

Los lepidosaurios, grupo que incluye a lagartos y serpientes.

Los primeros mamaliaformes.

Diversos grupos de plantas.

Y nuevas comunidades marinas.

El mundo estaba reorganizándose.

Por eso el Evento Pluvial del Carniense es mucho más interesante que una simple historia sobre dinosaurios.

Fue una transformación del sistema terrestre.

Los dinosaurios fueron una de las ramas que aprovecharon mejor las nuevas condiciones.

El planeta volvió a secarse

Y entonces ocurrió algo todavía más extraño.

El mundo húmedo no duró para siempre.

Después de los pulsos de mayor humedad, el clima volvió a desplazarse hacia condiciones más áridas.

Ese regreso a la aridez también fue importante.

Porque la evolución no estaba respondiendo solamente a la lluvia.

Estaba respondiendo a la secuencia completa de cambios.

Humedad.

Calentamiento.

Cambios en la vegetación.

Extinciones.

Expansión de nuevos ambientes.

Y posteriormente aridificación.

Los dinosaurios que sobrevivieron a ese mundo cambiante ya no eran exactamente los mismos animales que habían vivido antes de la perturbación.

Habían encontrado nuevos nichos.

Habían comenzado a diversificarse.

Y el paisaje ecológico había cambiado a su alrededor.

La crisis no creó a los dinosaurios.

Cambió el tablero sobre el que jugaban.

La verdadera explosión dinosauriana llegó después

La historia todavía tenía otro capítulo.

El Triásico continuó.

Los dinosaurios siguieron diversificándose.

Aparecieron nuevas formas de alimentación.

Aumentó la variedad corporal.

Algunos comenzaron a ocupar nichos herbívoros.

Otros se especializaron como depredadores.

Los sauropodomorfos aumentaron progresivamente de tamaño.

Los terópodos se diversificaron.

Y las redes alimentarias se hicieron cada vez más complejas.

Pero el gran salto hacia la supremacía ocurrió más tarde.

Durante el final del Triásico, otra enorme perturbación transformaría nuevamente el planeta: la extinción del Triásico-Jurásico, asociada al gigantesco episodio volcánico de la Provincia Magmática del Atlántico Central.

Esta vez, la crisis eliminó numerosos grupos que todavía competían con los dinosaurios.

Cuando el mundo comenzó a recuperarse durante el Jurásico, muchas de las grandes alternativas ecológicas habían desaparecido.

Los dinosaurios encontraron entonces un escenario extraordinariamente favorable.

Y esta vez sí comenzó la verdadera Era que asociamos con ellos.

De una crisis a otra, los dinosaurios fueron ocupando el mundo

Si observamos toda la historia desde lejos, aparece un patrón fascinante.

Los dinosaurios no necesitaron una única extinción para conquistar la Tierra.

Su historia fue una sucesión de oportunidades.

Primero apareció el linaje.

Después sobrevivió durante millones de años sin convertirse en dominante.

Luego llegó la perturbación del Carniense y el ecosistema comenzó a reorganizarse.

Los dinosaurios aprovecharon algunos de los espacios que quedaron disponibles.

Después continuaron diversificándose.

Más tarde, nuevas transformaciones climáticas modificaron la vegetación y las redes alimentarias.

Finalmente, la extinción del Triásico-Jurásico eliminó muchos de sus competidores.

Y entonces los dinosaurios estaban preparados.

El Jurásico no los creó.

El Jurásico heredó un mundo que el Triásico había preparado.

Las huellas de una revolución quedaron en las montañas

Quizá por eso las huellas de las Dolomitas resultan tan poderosas.

No son simplemente marcas de animales caminando sobre barro endurecido.

Son la fotografía de un cambio ecológico.

Una capa de roca conserva un mundo en el que los dinosaurios son prácticamente invisibles.

Unos estratos después aparecen.

Y más adelante dominan la asociación de huellas.

Millones de años después, podemos caminar por aquellas montañas y encontrar las marcas de una revolución que ocurrió cuando todavía faltaba muchísimo tiempo para que aparecieran los gigantes que hoy asociamos con la palabra “dinosaurio”.

No vemos directamente la evolución.

Vemos sus consecuencias.

Y eso es una de las cosas más extraordinarias de la paleontología.

La extinción que abrió una puerta

Quizá la pregunta inicial estaba planteada de una manera demasiado sencilla.

No existió necesariamente “la extinción que dio origen a la Era de los Dinosaurios”.

Existió algo mucho más interesante.

Una crisis climática y ecológica alteró profundamente el mundo del Triásico.

Algunas especies desaparecieron.

Otras se retiraron.

La vegetación cambió.

El clima cambió.

Los océanos cambiaron.

Y las redes alimentarias comenzaron a reorganizarse.

En medio de aquella transformación, los dinosaurios encontraron oportunidades que antes no tenían.

No conquistaron la Tierra de un día para otro.

La ocuparon poco a poco.

Primero como animales pequeños y relativamente discretos.

Después como nuevos depredadores.

Luego como herbívoros cada vez más importantes.

Y finalmente como los grandes arquitectos de los ecosistemas terrestres del Mesozoico.

La historia del Carniense nos recuerda algo fundamental sobre la evolución:

las grandes dinastías de la vida no siempre nacen cuando aparece una especie nueva. A veces nacen cuando el mundo cambia y esa especie descubre que, de repente, existen lugares para ella.

Hace unos 234 millones de años, Pangea entró en una de sus grandes transformaciones climáticas. El volcanismo de Wrangellia perturbó el ciclo del carbono, el clima y el agua. Los ecosistemas fueron reorganizados y muchas especies no sobrevivieron al cambio.

Los dinosaurios sí.

Y durante los siguientes 160 millones de años, aquella oportunidad inicial acabaría transformándose en una de las historias evolutivas más extraordinarias que ha conocido nuestro planeta.

No porque una sola extinción les entregara la Tierra.

Sino porque la Tierra cambió suficientes veces como para que, generación tras generación, los dinosaurios encontraran una nueva manera de quedarse.

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