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Durante mucho tiempo se ha hablado de los efectos del pensamiento. ¿Qué hay de verdadero en esto? En este artículo presentamos estudios sobre los efectos del pensamiento en la fisiología humana.
El pensamiento y pensar se refieren a procesos cognitivos conscientes que pueden ocurrir independientemente de la estimulación sensorial. Sus formas más paradigmáticas son el juicio, el razonamiento, la formación de conceptos, la resolución de problemas y la deliberación. Pero a menudo también se incluyen otros procesos mentales, como considerar una idea, un recuerdo o la imaginación.
Estos procesos pueden ocurrir internamente independientemente de los órganos sensoriales, a diferencia de la percepción. Pero cuando se entiende en el sentido más amplio, cualquier evento mental puede entenderse como una forma de pensamiento, incluida la percepción y los procesos mentales inconscientes.
En un sentido ligeramente diferente, el término pensamiento no se refiere a los procesos mentales en sí, sino a los estados mentales o sistemas de ideas provocados por estos procesos.

Efectos del pensamiento en la fisiología humana
Tenemos pensamientos todo el día y antes de irnos a dormir cada noche. Estos pensamientos son muy poderosos y pueden afectarnos de muchas maneras. Los pensamientos positivos desencadenan emociones saludables, mientras que los pensamientos negativos desencadenan emociones negativas y afectan adversamente nuestra salud.
Ahora presentamos un resumen de dos diferentes estudios científicos de la Universidad de Harvard, que buscan ayudarnos a entender cómo nuestros pensamientos afectan nuestro cuerpo.
Tocando el piano en la mente
Una investigación de la Universidad de Harvard se centró en cómo los pensamientos afectan la estructura del cerebro. Se estudiaron dos grupos de personas; ambos grupos, con la misma capacidad intelectual, nunca habían tocado el piano. A un grupo se le asignó la tarea de tocar escalas de piano todos los días durante un cierto período de tiempo. Al otro grupo se le asignó la tarea de simplemente pensar en tocar exactamente las mismas escalas de piano que el primer grupo. Es decir, nunca llegaron a tocar ninguna de las notas musicales, solo desarrollaron pensamientos para concentrarse en cómo sería tocar esas notas.
Los resultados fueron realmente increíbles. Todos los participantes fueron escaneados antes del estudio para medir sus actividades cerebrales, antes de tener cualquier actividad significativa. Después del estudio, los cerebros de ambos grupos de participantes fueron escaneados, de nuevo, para medir cualquier cambio estructural en el cerebro como resultado de pasar tiempo tocando el piano (tanto a nivel imaginario como real).
Lo sorprendente es que ambos grupos de participantes mostraron que la parte del cerebro, que corresponde con los movimientos de los dedos, había incrementado considerablemente. Incluso el grupo, que únicamente había tocado el piano con la mente, también habían cambiado sus cerebros como si físicamente hubieran estado tocando el piano.
Esta no es la única investigación que concluyó en una relación entre nuestros pensamientos y nuestra fisiología.
Flexionando el dedo en la mente
La Universidad de Harvard realizó un segundo estudio en el que formaron parte dos grupos de participantes, con un grupo encargado de flexionar el dedo todos los días durante un período de varias semanas. Así como antes, al segundo grupo se les pidió que solo pensaran en flexionar el dedo durante el mismo período de tiempo.
¿Qué sucedió después? Increíblemente, una vez más, ambos grupos de participantes mostraron una mayor fuerza en sus dedos después del estudio. El segundo grupo literalmente se fortaleció, únicamente concentrándose en desarrollar pensamientos que le hacían creer al cerebro que estaban ejercitando sus dedos.
Las estadísticas mostraron que el primer grupo que físicamente flexiono su dedo había aumentado su fuerza en un 53% y el segundo grupo había aumentado su fuerza en un 35%.
¡Estos hallazgos son muy importantes! Especialmente cuando se trata de entender la ciencia detrás de nuestros pensamientos.
Lo más emocionante de todo esto para nosotros: Tenemos la oportunidad de cambiar nuestras vidas, simplemente cambiando nuestros pensamientos.
Reflexiónalo bien. Si la investigación de Harvard ha demostrado que puedes aumentar tu fuerza, simplemente considerando en que lo haces, ¿qué otras áreas de tu vida pueden cambiar para mejor, solo cambiando la manera en la que percibes el mundo y concentrándose en lo que quieres?
El problema que la mayoría de nosotros encontramos es que nos fijamos objetivos y nos olvidamos de hacer el trabajo necesario para alcanzar esas metas. Cualquier objetivo, por insignificante que pueda parecer, necesita de mucha disciplina bien equilibrada, tiempo, paciencia y dedicación. Además, es fundamental establecer metas realistas. Esto es crucial para no perder los ánimos y deseos de seguir adelante, especialmente cuando estamos empezando y las cosas no suceden tan rápido como nos gustaría. Otra cosa muy considerable, olvidamos invertir tiempo, visualizando en la mente que nuestras metas se harán realidad. Hacer el trabajo es tan importante como visualizarnos haciendo el trabajo. Los pensamientos se tienen que ir alineando con nuestras acciones. Así conquistamos nuestras metas.
Siempre es recomendable el uso de visualizaciones positivas cuando establecemos metas, porque tiene resultados realmente sólidos, desde una perspectiva motivacional como desde la perspectiva de la ley de la atracción y manifestación. Es decir, si queremos que suceda algo, lo primero que debemos hacer es pensar en que ocurrirá. Entonces, nada más entonces, podemos hacer que se manifieste en la vida real.

