Venus está volcánicamente activo: las erupciones que revelaron un planeta todavía vivo

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Durante mucho tiempo, Venus fue considerado un mundo geológicamente extraño pero aparentemente tranquilo.

Su superficie está dominada por enormes llanuras volcánicas, cientos de grandes estructuras volcánicas y extensas regiones deformadas por fuerzas procedentes del interior del planeta. Sin embargo, una cosa seguía sin estar clara: ¿cuándo ocurrió la última erupción?

La respuesta comenzó a cambiar cuando los científicos volvieron a examinar datos obtenidos décadas atrás.

En 2023, el análisis de imágenes de radar tomadas por la sonda Magallanes de la NASA reveló que un conducto volcánico asociado con Maat Mons había cambiado de forma y aumentado considerablemente de tamaño entre dos observaciones separadas por apenas ocho meses en 1991. La explicación que mejor encajaba con las observaciones era una erupción.

Un año después, otro estudio encontró cambios compatibles con nuevos flujos de lava en Sif Mons y en Niobe Planitia, también utilizando imágenes de Magallanes tomadas entre 1990 y 1992.

Y aquí aparece lo verdaderamente fascinante.

Las señales que durante años habían sido consideradas indicios de un volcanismo relativamente reciente —como las anomalías observadas en Idunn Mons por la misión Venus Express— ahora forman parte de un conjunto de evidencias mucho más amplio.

Venus no parece ser un planeta que simplemente tuvo volcanes en el pasado.

Todo indica que algunos de sus volcanes siguen activos.

Venus: un mundo cubierto de volcanes

Venus tiene aproximadamente el tamaño y la composición global de la Tierra, pero su evolución geológica siguió un camino radicalmente diferente.

Su superficie está oculta bajo una atmósfera extremadamente densa y caliente, compuesta principalmente de dióxido de carbono, con nubes de ácido sulfúrico que impiden observar directamente el terreno desde el espacio mediante luz visible.

Por eso, estudiar la geología de Venus requiere instrumentos capaces de atravesar esa barrera.

El radar es especialmente importante.

Las ondas de radio pueden atravesar las nubes y reflejarse en la superficie, permitiendo construir mapas de grandes regiones del planeta. Fue precisamente esta capacidad la que convirtió a Magallanes, que orbitó Venus entre 1990 y 1992, en una de las misiones más importantes para comprender su superficie.

La misión cartografió aproximadamente el 98 % de Venus, y sus imágenes continúan siendo la base de buena parte de las investigaciones modernas sobre la geología del planeta.

Los mapas revelaron un mundo extraordinariamente volcánico.

Hay enormes llanuras de lava, volcanes en escudo, canales, domos, coronas y otras estructuras que muestran que el interior de Venus ha estado transfiriendo calor hacia la superficie durante largos períodos de su historia.

La gran pregunta era si ese proceso había terminado.

La pista que dejó Venus Express

Antes de que aparecieran las pruebas directas de Magallanes, una de las pistas más interesantes procedía de la misión Venus Express de la Agencia Espacial Europea.

La nave estudió Venus entre 2006 y 2014 utilizando, entre otros instrumentos, el espectrómetro VIRTIS, capaz de analizar la radiación infrarroja procedente de la superficie.

Algunas regiones volcánicas presentaban características espectrales diferentes de las de terrenos circundantes.

Una de las zonas más interesantes era Idunn Mons, un gran volcán situado en Imdr Regio.

La interpretación inicial fue sorprendente: algunos de los flujos de lava alrededor del volcán parecían conservar minerales poco alterados por la atmósfera venusina.

Si esos materiales realmente habían sido expuestos a la atmósfera durante un período relativamente corto, podían representar lava geológicamente muy joven. Estudios iniciales estimaban edades inferiores a unos 2,5 millones de años y posiblemente mucho menores.

Pero había un problema.

¿Qué tan rápido se altera una roca volcánica en Venus?

La respuesta era fundamental para determinar la edad de esos flujos.

La atmósfera de Venus también modifica las rocas

La superficie de Venus está sometida a unas condiciones extraordinariamente hostiles.

La temperatura superficial ronda los 465 °C, la presión atmosférica es aproximadamente 90 veces superior a la de la Tierra y la atmósfera está dominada por dióxido de carbono.

En esas condiciones, las rocas volcánicas no permanecen químicamente intactas.

El basalto contiene minerales como el olivino, rico en hierro y magnesio. Cuando estos minerales quedan expuestos a la atmósfera venusina, reaccionan y pueden desarrollar capas de minerales alterados, entre ellos óxidos de hierro.

Este proceso de alteración química —una forma de meteorización— puede modificar las características espectrales de la superficie.

Y aquí entró en escena el trabajo experimental de Justin Filiberto y sus colaboradores.

En 2020, el equipo reprodujo en laboratorio condiciones atmosféricas similares a las de Venus para estudiar qué ocurría con minerales volcánicos como el olivino.

Los resultados mostraron que estas reacciones podían producir cambios mucho más rápidamente de lo que se había supuesto anteriormente. El equipo propuso que algunas de las superficies que parecían poco alteradas podían ser extremadamente jóvenes, incluso de años o décadas en determinados escenarios experimentales.

Aquello hizo que una posibilidad que parecía extraordinaria comenzara a ganar fuerza:

quizá Venus no solamente había tenido volcanismo reciente. Quizá todavía estaba ocurriendo.

Mapa de Idunn Mons en Venus con datos topográficos y anomalías térmicas
Idunn Mons en Venus. Esta visualización científica combina información topográfica obtenida por la misión Magallanes con datos térmicos registrados por el instrumento VIRTIS de Venus Express. Las zonas coloreadas representan diferencias en la emisión térmica de la superficie, mientras que la topografía permite apreciar la estructura del volcán y sus extensos flujos de lava. El Monte Idunn se eleva aproximadamente 2,5 kilómetros sobre las llanuras circundantes y tiene unos 200 kilómetros de diámetro.

Crédito: ESA / NASA / JPL.

Idunn Mons: el volcán que despertó las sospechas

Idunn Mons se convirtió en uno de los lugares más interesantes para estudiar esta posibilidad.

Es un gran volcán en escudo situado en Imdr Regio, una extensa región elevada del planeta asociada con procesos volcánicos y tectónicos.

Los estudios geológicos muestran que el volcán tiene una historia compleja, con diferentes fases de construcción volcánica y grandes flujos de lava que se extienden por sus alrededores. Algunas investigaciones han propuesto que el sistema podría estar relacionado con procesos profundos del manto que continúan afectando la región.

Las anomalías observadas por Venus Express, combinadas con datos de radar y modelos de alteración química, hicieron de Idunn Mons uno de los principales candidatos para buscar actividad volcánica actual.

Pero todavía faltaba algo.

Una señal indirecta podía sugerir que un flujo era joven.

Una modificación observable de la superficie durante una erupción sería una evidencia mucho más contundente.

Y esa evidencia terminó apareciendo en un lugar diferente.

Magallanes capturó una erupción sin saberlo

La sonda Magallanes había observado Venus más de tres décadas antes.

Cuando los científicos analizaron originalmente sus imágenes, no estaban buscando una erupción que pudiera haber ocurrido durante la propia misión.

Pero las imágenes contenían una oportunidad extraordinaria: algunas regiones habían sido observadas desde diferentes ángulos y en distintos momentos.

En 2023, Robert Herrick y Scott Hensley compararon imágenes de una zona volcánica asociada con Maat Mons, en Atla Regio.

Encontraron algo inesperado.

Un conducto volcánico que en una imagen de febrero de 1991 tenía una forma aproximadamente circular había cambiado considerablemente cuando volvió a observarse en octubre del mismo año.

Su superficie había aumentado, su geometría había cambiado y parecía haber acumulado material en su interior.

Los investigadores analizaron distintas explicaciones posibles, incluyendo procesos que pudieran producir cambios aparentes debido al ángulo de observación.

El escenario que mejor explicaba las modificaciones observadas era una erupción volcánica ocurrida durante el período entre ambas observaciones.

Por primera vez, los científicos tenían evidencia directa de que Venus había experimentado una erupción mientras una nave espacial estaba orbitándolo.

No se trataba solamente de una superficie que parecía joven.

Habíamos observado cómo cambiaba.

Dos volcanes más dejaron nuevas coladas de lava

El descubrimiento de Maat Mons no fue un caso aislado.

En 2024, un equipo dirigido por Davide Sulcanese volvió a analizar las imágenes de radar de Magallanes y encontró cambios adicionales en dos regiones volcánicas.

Una estaba relacionada con Sif Mons, en Eistla Regio.

La otra se encontraba en Niobe Planitia, una extensa llanura volcánica.

Al comparar imágenes obtenidas en diferentes ciclos de observación entre 1990 y 1992, los investigadores detectaron variaciones en la intensidad de la señal de radar que seguían patrones compatibles con nuevos depósitos de lava.

Los modelos topográficos ayudaron a comprobar que esas señales podían corresponder a material que había fluido por las pendientes y rodeado obstáculos, como lo haría una colada de lava.

La interpretación más probable fue que se habían formado nuevas rocas volcánicas durante el período en que Magallanes estaba cartografiando Venus.

Las dimensiones tampoco eran pequeñas.

Los investigadores estimaron espesores medios de entre unos 3 y 20 metros para los nuevos depósitos y calcularon que una de las erupciones había producido aproximadamente 30 km² de roca, mientras que la otra habría generado unos 45 km².

Eso significa que Venus no solamente posee volcanes antiguos.

Ha estado produciendo lava en tiempos geológicamente muy recientes.

¿Venus está volcánicamente activo ahora mismo?

Aquí debemos hacer una distinción importante.

Encontrar evidencias de erupciones ocurridas en la década de 1990 demuestra que Venus fue volcánicamente activo en un pasado extremadamente reciente.

Pero eso no significa que podamos señalar hoy mismo un volcán y afirmar:

“Está haciendo erupción en este instante”.

Venus es muy difícil de observar directamente.

Sus nubes bloquean la superficie en luz visible y las condiciones atmosféricas hacen extremadamente difícil mantener instrumentos funcionando durante largos períodos sobre el terreno.

Por eso, determinar la frecuencia actual de las erupciones sigue siendo uno de los grandes interrogantes de la geología venusina.

Sin embargo, la evidencia acumulada ha cambiado radicalmente la situación.

Una revisión científica publicada en 2025 concluyó que la combinación de diferentes líneas de evidencia —incluyendo Maat Mons, Idunn Mons y Aramaiti Corona— apunta fuertemente a que Venus sigue siendo volcánicamente activo en la actualidad. Al mismo tiempo, los investigadores señalan que todavía no podemos determinar con precisión qué tan frecuente es ese volcanismo.

La conclusión moderna, por tanto, es mucho más sólida que la que podíamos hacer en 2020:

Venus probablemente está geológicamente vivo hoy.

Un planeta que pierde calor de una manera diferente a la Tierra

El volcanismo de Venus plantea una pregunta mucho más profunda.

La Tierra pierde parte de su calor interno mediante una combinación de procesos, entre ellos el movimiento de las placas tectónicas, la formación de nueva corteza oceánica y el volcanismo.

Venus no posee un sistema global de tectónica de placas equivalente al terrestre.

Sin embargo, eso no significa que su interior esté inmóvil.

Los estudios de grandes estructuras llamadas coronas sugieren que el material caliente procedente del manto puede deformar la litosfera y generar actividad tectónica y volcánica.

Investigaciones recientes incluso han encontrado indicios de que algunos de estos procesos continúan afectando la superficie venusina.

Esto convierte a Venus en algo más que un planeta con volcanes.

Es un laboratorio natural para estudiar cómo pierde calor un planeta rocoso cuando no posee tectónica de placas como la Tierra.

Un Venus mucho más dinámico de lo que imaginábamos

Durante años existió una imagen relativamente simple de Venus.

Un planeta cubierto por una atmósfera infernal, con una superficie antigua dominada por volcanes y aparentemente congelada en el tiempo.

Pero esa imagen está cambiando.

Los datos de Magallanes, Venus Express y los experimentos de laboratorio han mostrado que bajo las nubes existe un mundo mucho más dinámico.

Hay volcanes que han producido lava en tiempos extremadamente recientes.

Hay estructuras tectónicas que pueden seguir deformándose.

Hay regiones donde el calor procedente del interior parece interactuar con la superficie.

Y existen señales químicas y térmicas que todavía no comprendemos completamente.

Lo más extraordinario es que buena parte de estas revelaciones no procede de una nueva nave recién llegada a Venus.

Procede de datos que llevaban décadas archivados.

La información estaba allí.

Solo necesitábamos aprender a leerla de otra manera.

El futuro de la exploración volcánica de Venus

Las próximas misiones podrían transformar nuevamente nuestra comprensión del planeta.

NASA prepara VERITAS, una misión diseñada para estudiar la superficie, la topografía, la composición y el interior de Venus con instrumentos mucho más avanzados que los disponibles durante Magallanes.

La misión utilizará radar de apertura sintética para crear mapas tridimensionales de alta resolución y un espectrómetro infrarrojo para estudiar la composición de la superficie. También medirá el campo gravitatorio del planeta para investigar su estructura interna.

La ESA, por su parte, prepara EnVision, que tendrá entre sus objetivos comprender cómo interactúan la superficie, la atmósfera y el interior de Venus.

Una de las grandes ventajas de esta nueva generación de misiones será que podremos comparar observaciones modernas con los mapas de Magallanes.

Eso permitirá buscar cambios directamente.

Una nueva colada de lava.

Un conducto que cambia de forma.

Una alteración térmica.

Una modificación de la superficie.

Una señal química asociada con una erupción.

En lugar de estudiar Venus como una fotografía estática, podremos comenzar a estudiarlo como un planeta que cambia con el tiempo.

Venus está vivo

La historia comenzó con una anomalía infrarroja.

Después llegaron experimentos que mostraron que las rocas podían alterarse mucho más rápidamente de lo esperado.

Luego aparecieron cambios en la superficie de Maat Mons.

Después se encontraron nuevas evidencias de lava en Sif Mons y Niobe Planitia.

Cada descubrimiento añadió una pieza diferente al mismo rompecabezas.

Hoy sabemos que el volcanismo de Venus no es simplemente una reliquia de un pasado remoto. La evidencia disponible indica que el planeta ha experimentado actividad volcánica en tiempos extremadamente recientes y que probablemente continúa siendo volcánicamente activo en la actualidad.

Y quizá esa sea la revelación más interesante.

Venus no es un mundo muerto cubierto por las cicatrices de antiguos volcanes.

Bajo sus nubes permanentes, el interior del planeta todavía está trabajando.

La lava todavía puede abrirse camino hacia la superficie.

La corteza todavía puede deformarse.

Y un planeta que parecía estático podría estar mucho más vivo de lo que habíamos imaginado.

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